Un Habemus Furor para la capital madrileña.

Cuanto tiempo hacía que no me pasaba por aquí.

Regreso para comentaros, que leyendo vuestras peticiones por los medios sociales, hemos decidido llevar mi espectaculo Habemus Furor a Madrid.

Si, si, has leido bien. Tan solo nos quedan 3 días para vernos las caras y te atrevas a mostrarnos todas tus dotes artisticas.

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Aquí arriba, teneis todos los teléfonos de contacto + email para reserva de entradas, o cualquier duda que necesites resolver.  Os dejo también algunas fotografias del interior de la sala para aquellas personas que no la conozcais.

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Te espero el día 26 de Abril a las 21.30 horas (apertura de puertas a las 21 horas) en la sala Larios Café Madrid (calle Silvan, 4).

 

Habemus Furor: El regreso.

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Algunos ya estabais al tanto y otros no tanto. Quién sigue mis Medios Sociales sabe que en 10 días haremos temblar la Casa de la Cultura de Cabanillas del Campo en Guadalajara con un Furor clásico, de los que nos gustan… Chicos contra Chicas.

Y las entradas ya están a la venta.

¿Como podemos adquirir las entradas?

En el mismo sitio donde celebraremos este evento: En la Casa de la Cultura de Cabanillas del Campo (C/ Juan Rhodes, 8) de 11 a 12 horas por la mañana y de 17 a 18 horas por la tarde.

¿Cuál es su precio?

El precio de las entradas serán diez euros (10 €) por persona.

Apertura de puertas de cara al show:

El show, como se muestra en el cartel, dará comienzo a las 22.30 horas el 1 de Diciembre 2017, pero las puertas abriran al público a las 21.45 horas.

Allí te espero. Se que ese día el entretenimiento, la diversión y las risas están aseguradas. No esperes a ver fragmentos por Youtube o que te lo cuenten por el Whatsapp, si tienes la oportunidad de ser partícipe de está aventura… ¡Vente!

Cualquier duda, podeis dejarla en los comentarios o preguntarme vía medios sociales (Facebook, Twitter) trataré de responderla lo más rapido posible.

 

 

Celestina

Celestina

Dentro de pocos días cumpliré 47 años. Durante la mayoría de este tiempo he pensado que si el destino me deparara un final en el que un golpe en la sesera, enfermedad, o virus me dejaran  frito el cerebro y sin conciencia, lo mejor sería, tanto por mi mismo como por el sufrimiento y desvelos que pueda causar en mis allegados, que alguien que me quisiera mucho, o poco, en este caso cualquier ayuda sería bien recibida,  consintiera en apagar el botón. No me resulta nada seductora la idea de verme convertido en una suerte de endivia de mirada perdida y pañales a rebosar. Sin embargo, recientes acontecimientos me han obligado a reflexionar.

Una de las cosas que tuvo que ver en el que me enamorase de Angélica fue la historia de su madre. «Celes», que así la llaman, es un ángel cerca de desplegar sus alas  a quien el Alzheimer la ha ido privando lentamente, a lo largo  de veinte largos años de todo. La primera vez que la vi me estremecí, soy débil, lo reconozco, encontrarme cara a cara mi futuro me resultó casi insoportable. Cada vez que la veía me invadía la misma pregunta: ¿Qué sentido tiene seguir viviendo así?. A continuación me giraba hacia Angélica y, con la mirada suplicante, le pedía que si alguna vez me veía en esas, hiciera todo lo posible por acelerar el trámite. Durante mucho tiempo y ante la vigorosa crueldad con que la enfermedad se cebaba en Celes sentía la misma certeza… “no tiene sentido, es mejor que se vaya, dejarla ir, no batallar más en una guerra en la que la parca, quizá mordida por la curiosidad, ande retrasando su labor.

Algo parecido a lo que me pasa a mí. Ante el aparente sinsentido de prolongar una vida sin conciencia y sin que nadie haya  intentado torcerme la opinión, se han ido operando en mí cambios ante la mera observación de una realidad en la que conviven el sufrimiento, la duda y un amor que nunca podría tildarse de desmedido. Estamos diseñados apara absorber ingentes cantidades del mismo sin que nos entre ardor de estomago.  Celestina nunca dejo de ejercer de madre… su lenta enfermedad fue forjando el dulce carácter de mi mujer haciendo relucir aún mas su bondad innata, ejercida sin el mas mínimo esfuerzo en todos los ámbitos de su vida, con la que durante años cuidó y atendió a  su madre, negándose a independizarse, a hacer su propia vida,  hasta que el avance de la enfermedad la obligo a ponerla en manos de especialistas. Celes sigue siendo un nexo de unión indiscutible de una familia que parece infinita por los cuidados que le prodigan, una especie de sol cuyo centro de gravedad hace orbitar almas sencillas, nobles y brillantes. No hay un solo día que no tenga visita; en solitario, en grupos organizados o que se encuentran en la residencia por casualidad, demostrando que además del impulso colectivo de estar con ella, está el personal de cada uno de ellos.

Ya no puedo negar la posibilidad de que si puede tener sentido seguir viviendo así, mucho, lo he visto con mis propios ojos y sentido en mi corazón. Eso sí, estos universos dependen en su totalidad de la referencia que haya sido para los suyos, del amor que les haya prodigado y de que estos no  confundan la noble vejez, fuente de sabiduría, con una mecedora cubierta de polvo olvidada en un rincón oscuro. Quizá la razón de que algo aparentemente tan sencillo me llame la atención sea que no crea que, a día de hoy, haya conseguido, ni de lejos, los logros que le hacen a uno merecedor de amores incondicionales. Celes sin duda lo hizo y de largo, así que habré de esmerarme para que en lo que me quede, introducir todo aquello que me haga digno de ser algo parecido a esa estrella gigante llamada Celestina, aunque solo sea una vaporosa estela.

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POR SI ME MUERO DE REPENTE.

POR SI ME MUERO DE REPENTE.

Queridos hijos míos: Como os echo de menos desde aquí arriba.

La reflexión de hoy sobre la vida, versa sobre los bofetones tan denostados hoy en día.

Uno de los mayores sacrificios que ha tenido que afrontar nuestra sociedad ha sido el tener que prescindir de los guantazos. Arrearle uno a alguien, a pesar de que se lo merezca, está penado por la ley. Según esta para solventar cualquier problema, aunque te hierva la sangre, hay que recurrir al lenguaje, al discurso, a las buenas palabras dando por sentado que todos disponemos de la sabiduría paciencia y la retorica necesarias para solucionar cualquier eventualidad en la que ande en juego nuestro orgullo, dignidad o sustento.

 La campaña contra los guantazos tildó a estos de ineficaces, violentos, antisociales, malvados y demoniacos. Y sin duda pueden serlo pero convendrán conmigo en que las palabras también. En ambos métodos de comunicación el peligro radica, como en casi todo, en el factor humano.

Hay una justificación de peso para la erradicación de  la noble estrategia del bofetón, nuestra falta de buen criterio. Que todos sin excepción, algunos más que otros, nos merecemos un buen par de sopapos en algún momento de nuestras vidas es una de esas verdades que no se pueden negar. El problema es identificar en qué momento exacto somos merecedoras de ellas, porque de la misma manera que aplicadas a su debido tiempo pueden ser el mejor remedio el no ser oportunas pueden acarrear graves consecuencias.

Sin la titulación debida, un  buen máster o algo por el estilo sobre cuando y como aplicar el tratamiento a base de jarabe de palo, acabaríamos todos yendo por la vida solventado diferencias sacando la mano a pasear injustamente condicionados por alguna de las muchas taras que ostentamos los seres humanos tales como odios ancestrales, intereses, manías, debilidades, ánimos de venganza, arrogancia y lo que te rondare morena.

 Pero sería precioso y bueno para el mundo, habida cuenta de lo que estamos haciendo con él, que toda persona capacitada tuviera que adquirir, alcanzados los 18 años y de manera obligatoria, los conocimientos necesarios para dar o recibir un buen par de bofetones cuando las circunstancias indicaran que supone la mejor solución. Una proyecto complicado, sin duda, pero todas las grandes empresas lo son. El mundo ganaría, mucho y además guardaríamos un orgulloso recuerdo tanto de haber corregido determinadas actitudes como de las personas que hayan tenido a bien aleccionarnos. Tuve la suerte en mi infancia de conocer a un virtuoso de la vigilancia por el que siento una infinita gratitud por las sabias lecciones que cariñosamente me impartió.

Le llamábamos el señor Fadrique y vigilaba los pasillos en los cambios de clase en el colegio San Ignacio de Loyola cuando vuestro padre cursaba la educación general básica en Barcelona. Su mera presencia producía de inmediato una gran tensión de nalgas capaz de cascar una nuez, rigidez dorsal y una clarividencia inmediata sobre lo que uno debía o no debía hacer. Si algún alumno no lo tenía claro o era sorprendido en una fechoría el señor Fadrique lo ponía inmediatamente al día haciendo uso de las múltiples técnicas de las que era un consumado maestro. El repertorio no tenía parangón: bofetón con la palma de la mano, del revés, lifting de patilla, coscorrón, sopapo sordo, guantazo sonoro y por último la temida regla de aluminio de 40 cm que esgrimía cual  D’Artagnan cortando el viento. Eso sí, insisto, el señor Fadrique tenía lo que hay que tener, un criterio infalible. Jamás sentí un guantazo suyo como injusto, personal o desmedido. Al contrario los recuerdo como paternales, calurosos y sobre todo eficaces.

Para cambiar un país, primero hay que cambiarse a sí mismo.

Para cambiar un país, primero hay que cambiarse a sí mismo.
No puedo fingir que me importa lo que está pasando con España y Cataluña y la gente me mira raro, como si mi absoluta indiferencia ante el asunto implicara una irresponsabilidad trascendental que por añadidura se extiende a todos mis ámbitos. La verdad es que lo sea o no, me sigue dando igual, no puedo evitarlo. Me sobran razones como para renegar de nuestra política actual, de no respetar, sean del color que sean, a quienes nos dirigen y como para dejar de asistir a ese espectáculo del que siempre salgo decepcionado salvo que necesite echarme unas risas. Y aunque tampoco soy ningún entendido en teatro me atrevo a afirmar que el género que actualmente representan tanto la política nacional como la mundial estaba por inventar. A ver quién es el guapo capaz de ponerle nombre y matizarlo.
A grosso modo, EE.UU y Rusia, potencias mundiales, los reyes del mambo están gobernados respectivamente por Donald Trump y Putin, no hacen falta decir mucho mas pero ¡Ojo! que las camisetas de Putin, montando a caballo a pecho descubierto, se venden como rosquillas. Allá por China y alrededores dedican gran parte de su tiempo a almacenar artefactos nucleares movidos por una ancestral necesidad de expansión territorial. ¿El clima? Cojonudo, 29 de octubre, cielos despejados y la peña en las playas, como toda la vida. Acción no nos falta, cada poco, en algún lugar del mundo, a un cualquiera le da por liarse a tiros contra una muchedumbre, hacerse explotar en mitad de un mercado, recorrer una calle peatonal a todo trapo con un tráiler o asegurarse de que una joven con futuro acabe o en el fondo de un pantano o en manos de un jeque o magnate de dudosa moralidad. Por estos lares, echando la mirada no muy atrás, tenemos, alcaldes y tonadilleras en ferias y conciertos, ministros blandiendo pepinos, alcaldesas haciendo gala de un inglés propio de Oxford, una crisis galopante, un presidente que le otorgó la pertenencia de este mundo al viento, un sinfín de casos de corrupción, unos cuantos mesecitos sin gobierno y un ir y venir a las urnas. Ahora esto, lo de Cataluña, madre mía.
Mientras todo esto sucede, mientras debatimos, bien sea en bares, oficinas o los foros habituales donde solemos hablar de esas cosas importantes de las que todos somos expertos, a saber; política, fútbol y televisión, (aunque con internet y las redes sociales nuestra sabiduría se ha vuelto más osada aún y ya todos sabemos de todo) las cosas siguen igual, no cambian, esa es la verdad, lo que es incluso más dañino que el que vayan a peor lo que supondría dar un paso en alguna dirección. De manera que veo innecesario emplear el tiempo en esgrimir argumentos a los que no les he dedicado el tiempo que merecerían y más aún cuando no llevan a nada y activan las defensas urticantes de mi impotencia. Hace tiempo que votar se convirtió en un acto vacío en el que nuestro supuesto derecho a elegir a nuestros dirigentes, en base a su discurso dejo de ser fiable debido al reiterado incumplimiento de tanta promesa electoral. Si en nuestra vida personal hiciéramos tantas promesas como nos hacen los políticos nos tacharían de tarados mentales sin necesidad de que demostremos su cumplimiento.
El otro día un seguidor de Facebook me apuntó que no se puede perdonar si antes uno no se ha perdonado a sí mismo. Y creo que tiene razón. Nos equivocamos infinitas veces, en el día a día y a lo largo de nuestra vida. Pero la equivocación está infravalorada, es el peldaño en el que apoyarse para intentar, solo intentar ser mejor. Supongo que todos queremos cambiar el mundo pero creo que tengo más posibilidades de conseguirlo si centro mi atención, mi energía, inteligencia y todos los dones que nos ha dado el sorprendente misterio del que formamos parte, en todo aquello que esté a mi alcance. Como no puedo ir a ver a Mariano Rajoy y a Carles Puigdemont darles un par de bofetones y obligarles a que se den la mano como niños, ni puedo ponerme chulo con Putin, ni mi voto sirve para nada, solo me queda mirar a mí alrededor y empezar por ahí. Porque si no soy capaz de recoger la basura que hay en el camino por el que paseo a los perros, de darme cuenta de cuánto daño se puede hacer con un simple gesto a quienes amas a pesar de que defiendas tu verdad, de regar mis plantas, de llevarme bien con el vecino y más aún conmigo mismo, me siento incapaz de atreverme a sugerir que es lo que más le conviene no a este país, sino al mundo entero.

 

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Destino Auswitch

Destino Auswitch

Para encontrar al diablo no hace falta bajar a los infiernos, merodea por los aledaños del alma del hombre. Desde que nos dimos cuenta de que blandiendo un garrote podíamos imponer nuestra voluntad al vecino, que ya ha llovido lo suyo, unos cincuenta mil años, no hemos dejado, digo los seres humanos, de darnos matarile los unos a los otros. Hemos tenido  ocasiones de sobra, y bien aprovechadas además, para darle rienda suelta a la imaginación a la hora de cometer las atrocidades mas  inimaginables. A día de hoy,  la cosa no ha mejorado ni mucho menos, en la actualidad hay unos 22 países del mundo en los que existe un conflicto bélico, lo cual confirma aquello de que la historia no ha enseñado nunca nada a nadie.

Sin embargo la Primera Guerra Mundial y la Segunda representan, a día de hoy, la advertencia más clara e inequívoca de hasta donde somos capaces de llegar cuando nos da por matarnos, pero su recuerdo es cada vez más difuso, como si fuese una guerra más entre tantas. Conviene recordar, para quien pueda pensar que exagero, que el punto y final de la segunda guerra mundial lo puso un hecho histórico sin precedentes en la historia de la humanidad; el lanzamiento de dos bombas atómicas, artefactos nucleares, hoy infinitamente más desarrollados tecnológicamente, que representan el riesgo más real de exterminio de la raza humana, y esto que se dice tan pronto y fácil hay que pensarlo mucho. ¿Qué se puede decir del ser humano que sea alentador, cuando en los protocolos de defensa actuales los misiles nucleares están programados para ser disparados automáticamente aún en el caso de que no haya quedado nadie con vida tras un ataque previo? Es decir, se trata de que no quede nada ni nadie vivo sobre la faz de la tierra. Ante la derrota, ante la muerte, momento en el que deberíamos ser más compasivos, resulta que preferimos la aniquilación total del supuesto enemigo, arrasando el planeta antes de que prevalezca la especie, cualquier especie excepto las cucarachas.

Pero además de la locura global, estas dos guerras, mas la segunda, lanzan otra advertencia terrorífica sobre los actos concretos que tanto  un individuo como una sociedad, ambas compuestas por seres humanos, pueden llevar a cabo o permitir en determinadas circunstancias.

Estas vacaciones he visitado un par de escenarios relacionados con ambas guerras. Uno era Verdún, en concreto el campo de batalla en torno al fuerte de Douaumont y su cementerio, y el otro Auschwitz, el campo de exterminio que los nazis  levantaron en un lugar apartado de Polonia. Quería pisar el mismo suelo donde hace relativamente poco tiempo murieron tantos seres humanos a manos de otros en una locura global. La sensación fue de enorme tristeza, por las víctimas y por nosotros mismos, la raza humana. 

En el cementerio de Douaumont, hay miles de cruces blancas cuidadosamente alineadas que señalan las tumbas de los caídos en la batalla de Verdún. Los bosques que rodean el monumento están llenos de socavones, cráteres de los millones de obuses que cayeron hace ya cien años y de restos de trincheras que un día fueron venas del bosque por las que se derramó la sangre de millones de almas. En determinadas zonas, no hay ni un palmo de terreno que no fuera alcanzado.

Al ver tanta tumba, tantos miles de muertos, la inmensa mayoría jóvenes, que murieron llamando a su madre a gritos (es un lamento que se repite en todas las guerras), uno no puede dejar de pensar en que  esas tumbas albergan los restos de quienes en su día eran o iban a ser meros zapateros, oficinistas, granjeros o profesores,  gente normal y corriente, la que de verdad aspira a la felicidad,  que o bien se alistaron voluntarios engañados por las glorias de la guerra, o que fueron arrancados de sus vidas sin que toda esa historia les importara demasiado .

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Produce una honda pena imaginar tantos instantes finales en tan poco tiempo y espacio, tantos hombres muriendo juntos y sin embargo solos, tanto temor ante lo desconocido, tanta estupefacción ante la evidencia del  fin, cuando se ve con claridad qué ha merecido la pena y qué no. Sin duda, morir de esa manera no lo merecía.

Y no lo merecía por dos razones, la primera porque sencillamente, y siempre desde mi punto de vista, entregar la vida es algo a lo que por costumbre hay que decir que no, es un regalo demasiado bonito como  para ponerla en riesgo por menudencias o porque cuatro mandamases lo digan. A saber las motivaciones que mueven a esos señores.

La segunda porque la victoria de cualquiera de los bandos iba a suponer el sufrimiento de millones de personas. Una de las razones de aquella guerra, además de la consabida estupidez que conlleva cada una de ellas, era el control de las colonias cuyas riquezas naturales fueron esquilmadas con la ayuda de sus propios habitantes esclavizados. Acuchillar, disparar, bombardear, violar, saquear, fusilar, destruir, odiar, morir como bestias con el fin de poder explotar y esclavizar al resto del mundo. Países con su propia gente, que un buen día las grandes potencias hicieron suyas ganando guerras contra tribus semidesnudas armadas  con arcos y flechas. Eso magnifica la tragedia de la Primera Guerra Mundial.

Y luego Auschwitz, que es otro cantar. Llevo días intentado hablar sobre ello y no sé bien qué decir. Enumerar las barbaridades que se llevaron a cabo en aquel recinto de la muerte, valorar que supuso aquello, intentar explicarlo sin haber estado allí, siempre resulta insuficiente. El problema de Auschwitz, es que fue tan extensa la parte oscura de nuestra alma, que quedó al descubierto, y de la que no puede quedar duda que tenemos,  que nos resistimos a creer que podamos albergar algo tan tenebroso, amén de la vergüenza que supone para todo ser humano sin excepción. Y cuando se habla de los campos de exterminio en general  dirigimos nuestra mirada, en justicia, al pueblo judío, pero eran solo el principio. Esos campos de exterminio, estaban pensados para seguir matando gente, al mundo entero si fuera necesario, cuando ya no quedara ni un solo judío. Hitler quería acabar con el 80% de la población Polaca para repoblar esas tierras con la nueva generación aria. Las guerras las libran los hombres contra los hombres.

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Yo no soy experto en nada y menos en historia. Solo siento curiosidad por determinados acontecimientos que protagonizamos los seres humanos y hago mi humilde interpretación en base a lo poco que leo o que siento cuando visito esos sitios. Estoy cansado de escuchar hablar de razas, pueblos, refugiados, fronteras y muros, ideologías y religiones. Es mentira que esos sean los verdaderos motivos de nuestra violencia, nuestras peculiaridades son perfectamente reconciliables con un poco de buena voluntad, porque a fin de cuentas la inmensa mayoría de la gente, en todos los lugares del mundo, quiere vivir tranquilos y en paz, y no con un Kalasnikov colgado de la espalda.  Pero esas pequeñas diferencias, son manipuladas para darles una gravedad que justifique el enfrentamiento, la guerra, la crisis o la negociación. Son pocas las guerras que se libran en nombre de la libertad y de los derechos humanos y miles tras las cuales, está la ambición desmedida de unos pocos y la indiferencia de una sociedad adocenada que ha perdido la esperanza de redimirse.

Ante nuestra condición mortal, ante la dificultad que supone, hemos cejado en nuestro empeño de buscarle un sentido a la vida, hemos preferido agotar nuestros días sumergiéndonos en un autentico sin sentido, una triste locura en la que nuestro tiempo se esfuma entre miles de banalidades, deseos imposibles y violencia sin control.  Hay algo muy  trágico en el uso que hacemos de nuestra libertad, la verdadera libertad, la que conlleva el mero hecho de nacer, la de disfrutar de este mundo, de esta vida y eso nos evoca irremediablemente al abismo de la tristeza, porque en el fondo lo sabemos y no hacemos o no podemos hacer nada…

Factor miedo.

Anda el personal revuelto por la entrevista que hoy sábado 8/4/2017 Don Jorge Javier Vázquez le hará a mi hija Claudia y que tiene que ver mucho con la que me hicieron a mi hace unas semanas en Sábado Deluxe, mismo tema pero desde el punto de vista de una hija. El personal al que me refiero es la gente de mi entorno, la que me quiere, y  por otro lado periodistas, programas y colaboradores que antes de la cita televisiva ya están teléfono en mano llamando a ex parejas, allegados, opinando y sacando conclusiones. Y con todo el derecho por cierto que es su oficio, si no lo hicieran no estarían haciendo bien su trabajo.

No pude evitar sonreírme cuando el rostro de mi amada Angie, siempre rutilante, viraba a mortecino ante alguno de los términos y párrafos de la entrevista previa que el Jueves le hicieron a mi hija. Tampoco sorprenderme cuando mi representante, a la que adoro y quiero muchísimo, se indigna y pelea cuando ve el tono de las promociones que anuncian la entrevista. Hemos tenido interminables conversaciones analizando los riesgos de un posible deterioro de mi imagen por las declaraciones  que hoy se produzcan en el programa y del efecto que este puede tener en la consecución de trabajos, y también de las razones por las que había aceptado la propuesta. Solo hay una manera de interpretar la preocupación de los que nos quieren de verdad y siempre es halagadora y hermosa. Que te quieran y que se preocupen es algo en lo que no se si reparamos lo suficiente a la hora de regular nuestro egoísmo. Se esté de acuerdo o no con ellos siempre hay que considerarlo un tesoro.

Desde su punto de vista contar determinados episodios de mi vida y convivencia con mi hija es innecesario y en el caso de que haya que hacerlo habría que suavizar determinados términos que llaman la atención por su crudeza. Parece que es de sentido común cuidar todos estos detalles para conservar una imagen de superación y éxito que avalen mi rendimiento ante la cámara. Precauciones todas ellas que pretenden salvaguardar los supuestos objetivos de cualquier persona que ejerza esta profesión: a saber, trabajar, para lo que se supone una reputación ejemplar y ganar dinero que es lo que queremos todos.

Sin embargo, y comprendiéndolo perfectamente, algo dentro de mí se está resistiendo a tanta cautela. No creo que hagamos las cosas por una sola razón. En este caso son muchas las que cohabitan dentro del consentimiento que Claudia, que es la primera persona que tenía que hacerlo, ha dado y que luego sus padres hemos  secundado aunque ya sea mayor de edad.

Ese comportamiento de prevención es el que solemos aplicar cuando tenemos que tomar determinadas decisiones y está estrechamente relacionado con el miedo. La respuesta a que miedos la tiene cada uno dentro, que cada uno tiene los suyos y no soy yo quien para señalarlos, pero en general abaratan nuestra vida. Y lo hacen porque nos privan de vivir las consecuencias que puedan tener nuestras decisiones.

No sé cómo, ni cuando, nos convencimos los seres humanos y hasta la medula, de que jugar sobre seguro en la vida era una virtud y un signo de responsabilidad. Ni como hemos convertido el fracaso, la enfermedad y el renunciar a la vida que hemos llevado hasta cierto momento en un estigma que el conjunto de la sociedad mira con desdén. Para mí, será por la costumbre, cualquier obstáculo (fracasos, pasos atrás, errores, inconvenientes, imponderables) que me encuentre es recibido con los brazos abiertos porque sé que aquello que se dice de ellos, que se aprende, que son maestros para crecer como personas no son  meras frases populares.

Para mí a todos los efectos, la entrevista de esta noche y sin el menor género de dudas nos dará herramientas para crecer y mi esfuerzo ira encaminado a que mi familia procure, sean cuales sean las consecuencias, utilizarlas. No voy  a ser capaz de evitar hablar con franqueza, claridad, contundencia y alegría de cada cosa que se me pregunte y tampoco quiero. Se lo debo a mis hijos, me lo debo a mi mismo y se lo debo a todos aquellos que al igual que yo en muchos momentos de mi vida, han perdido la esperanza de sobreponerse a algo tan espeluznante, terrorífico y aleccionador como es la adicción, ellos o sus seres queridos. Y se en el fondo de mi corazón que eso es más importante que el temor que pueda sentir a que se considere que por contar quien soy y quien fui, mi reputación como profesional de la televisión puede ser puesta en tela de juicio, sobre todo cuando esta siempre ha sido de buena factura a pesar de todo.

Entenderé también a quien piense que no hace falta ser tan insistente ni aprovechar cualquier situación posible para hablar de mi experiencia con las drogas pero no puedo estar más en desacuerdo. Lo mismo que jamás me parecería reiterativo hablar cien mil veces del drama de la gente que sufre enfermedades poco frecuentes y a las que nadie les hace caso, de los problemas de financiación que tienen los centros de día para la rehabilitación de personas con daños cerebrales, de la necesidad de las donaciones de medula, de la urgencia de que esta sociedad transite más a fondo por este terreno tan poco frecuentado de su alma, que la tiene… y para eso hay que llamar a las cosas por su nombre. Si alguien necesita asegurarse de que hablar de determinadas cosas hasta el infinito, siempre con cordura y el deseo de comprenderse, en este caso de las infinitas ramificaciones del problema de la droga, no es adecuado debería preguntárselo a alguien autorizado en la materia. Que se lo diga a una madre, padre, hermano que haya vivido, visto y compartido el sufrimiento y desesperación indescriptibles de aquellos a quienes más aman en este mundo, día a día, semana tras semana, años tras año hasta que, a fin de cuentas, una mera cuestión de suerte determina si acabas tus días en un hotel de mala muerte solo y sin Dios o si tu lucha te permite tener una vida maravillosa.

Y es importante que la gente que este siguiendo esta historia personal sepa que a día de hoy yo no podría mirar a nadie a la cara que tenga un problema de adicción y decirle que estoy curado. Para nada. Cada día, al despertar, tengo que observar mi mente para ver si me está engañando y si lo está intentando tomar todas las medidas necesarias a las que no aplico ninguna restricción. Cada día soy consciente del peligro que corro porque en mi el impulso sigue siendo muy fuerte y aun así hay veces que recaigo. Pero he aprendido a querer todas estas cosas, a sentirme feliz cuando alguna mañana tengo que tomar alguna medicación que me ayuda a no plantearme tomar una gota de alcohol, a hacer la maleta con orgullo para alejarme unos días a un monte perdido a combatir demonios, a abrazarme en vez de mortificarme cuando a pesar de todas las precauciones mi enfermedad me coge desprevenido o sin fuerzas para hacerle frente. Lo que sí creo y espero es que algún detalle de los casi treinta años de esta mi batalla, que por su naturaleza aumentaran hasta el fin de mis días, pueda servir aunque solo sea un rato como esperanza y ayuda a quienes conviven con mi mismo o parecido maestro.

San seacabo.

San seacabo.

Todo tiene su principio, su final y a este #GHVIP5 le queda lo que le duraban a Sabina los hielos en un whisky on the rocks de manera que vamos con las conclusiones.

Lo primero es felicitar tanto a Mediaset como a Zepellin por el programa, me lo he pasado genial y sobre todo tengo que agradecerles el detalle, detallazo, de abrirme otra vez las puertas a la primera división. No fue una decisión fácil ni para ellos ni para mí, suponía una apuesta que conllevaba cierto riesgo y ahora, a toro pasado, puedo decir que ha salido a pedir de boca. Estoy convencido de que todo lo que me ha sucedió a lo largo del concurso ha sido lo mejor que me podía haber pasado. A raíz de mi participación en el formato se han abierto puertas, tanto en lo profesional como en lo personal que creía selladas para siempre.

En lo que se refiere al concurso en si, ya está todo el pescado vendido, o casi. Tres meses es tiempo más que suficiente para contemplar unas veces con sorpresa, otras con hilaridad y otras con indignación casi todas las versiones que los concursantes puedan tener en su haber. Os lo dije en el anterior articulo y os lo repito en este; ya he descartado cualquier aspecto negativo de los participantes, insisto tanto por una razón importante, muy sencilla, que sin embargo nos cuesta o no nos conviene entender… apoyar a alguien, tener un favorito no significa que no respete o que menosprecie al resto. Esta frase, que parece una frase dirigida a un párvulo, es algo que a muchos se les torna mensaje indescifrable a pesar de la esmerada educación que parecen haber recibido, en quien sabe que zoológico, seguramente de renombre. Podría enumerar cantidad de virtudes de Irma, Daniela, Emma, Alyson y Elettra sin tener que detenerme a pensar, os lo aseguro, pero no lo voy a hacer por dos razones. La primera es porque no me quedaría espacio en el artículo para contar un par de cosillas mas y la segunda, que no menos importante, para que no se diluyan entre tantas las virtudes de mi favorita Alyson. La que más me gusta, la que más me conmueve de ella es que sufre, y mucho, con sus defectos. Y sin embargo cuando parece que está a punto de romperse sale de no se donde esa “WILD THING” que hace que baile y cante sin parar, y eso son cosillas que a uno le alegran él día. Así que suerte Alyson…

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Y antes de despedirme, responder, a un seguidor que me preguntaba la razón por la que había parado la canción de Gran Hermano VIP5. Y la respuesta es que yo no he parado nada, de verdad. Se me han hecho tres preguntas únicamente sobre esa canción. La primera en el confesionario donde, junto con el resto de concursantes, se nos pregunto si estábamos de acuerdo con que Alejandro y Tutto aparecieran como autores de la canción. Mis conocimientos sobre el negocio de la música son muy precarios, casi nulos y en esos casos lo que hago hace es aplicar cierta lógica que se basa en los pocos elementos con los que cuento, a saber; si nos preguntan es porque nuestra respuesta cuenta y si cuenta es porque algún derecho legitimo tendremos. Si no fuera así sencillamente no nos preguntarían. También me pitó el sentido arácnido ante la premura con la que se pretendía que tomáramos la decisión. Teniendo en cuenta la falta de información, que no podía hacer ninguna consulta dado que estaba incomunicado y las prisas, que nunca son buenas, la segunda vez que se me pregunto dije que prefería esperar a estar fuera antes de dar el visto bueno a una cosa de la que no tenía ningún conocimiento ni podía tenerlo. Si alguno de vosotros consiente o se niega a algo sin saber a qué se atiene es que esta como una regadera, sobre todo en los tiempos que corren. Y a partir de ahí, excepto Alejandro que me llamó para preguntarme si tenía la canción retenida a lo que le conteste que no, NO HE TENIDO NINGUNA OTRA NOTICIA DE ESA CANCIÓN. Ojo, tampoco significa que le haya dado el visto bueno. Ni una cosa ni la otra, lo que digo es que si es cierto que de una firma mía, depende que esa canción prospere o no que venga quien sea a decirme dónde y sobre todo porque tengo que firmar, que digo yo habrá una razón.

Me despido con cariño, ya nostalgia y buenos recuerdos de GHVIP5. Me lo he pasado fenomenal, os pido disculpas si en algún momento os he ofendido o molestado con mis actos o maneras. Son demasiadas horas al descubierto para esconder lo peor de nosotros mismos. Os doy las gracias querida audiencia, viejos y nuevos seguidores y nos leemos la semana próxima con un nuevo artículo en el que os cuento la nueva aventura en la que me he embarcado y que espero compartir con vosotros. Enhorabuena a todos los concursantes, compañeros y rivales y suerte en la GRAN FINAL.

«Hora Punta» con Javier Cardenas a la carta: ¡Vuelve a verlo!

«Hora Punta» con Javier Cardenas a la carta: ¡Vuelve a verlo!

Muchos/as de vosotros/as me preguntabais vía medios sociales como encontrar el programa de «Hora Punta» que se emitió ayer en Televisión Española.

Aquí os lo dejo para que disfrutéis y lo volváis a ver tantas veces como queráis. Haz click en la imagen inferior y te traslado.

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¿Quién yo?

Oportunista, sabueso de minutos de gloria televisiva y veleta en lo que se refiere a mis  opiniones sobre los concursantes.  Son tres comentarios que he recogido de Twiter y que se refieren al que aquí escribe. Antes de nada un saludo a con quien ayer compartí un gran momento y que fue una de las personas que me preguntaba por mis cambios de opinión a lo largo del concurso y si admitía sus maneras, las de Alyson a quien ayer proclamé mi favorita… de momento.

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No entendería este concurso si tanto los participantes como quienes lo seguimos no cambiásemos de opinión. Lo mejor que puede hacer uno, no solo en este concurso sino en la vida, es tener cintura para cambiar de opinión, y me llama la atención que haya sido un argumento para desacreditar a quienes lo hemos hecho (que en mayor o menor medida hemos sido todos los concursantes  a lo largo de los 82 días que se cumplen desde que empezó el concurso).

No podemos evitar cambiar de opinión, es algo que va en los genes del ser humano, si no lo hiciésemos las ruedas seguirían siendo cuadradas, la tierra plana y no tendríamos ni un ápice de compasión ya que no seríamos capaces de arrepentirnos de nuestros desaciertos, porque siempre estarían justificados. Todos sin excepción, lo hacemos, cambiar de parecer, otra cosa, que nos cuesta mucho más hacer, es ser fieles a nosotros mismos y hacerle caso a esa voz interior que se está quedando afónica de tanto advertirnos a grito pelado en estos tiempos que corren. Cegarse con las cosas y más aún con las personas, que somos lo menos fiable de toda la naturaleza, es dudar de nosotros mismos, dejar que otros conduzcan nuestro pensamiento y negarnos el derecho a equivocarnos cuando paradójicamente lo estamos haciendo y de manera clamorosa. Lo peor es que, al igual que otras cosas fundamentales, como que tenemos que cambiar de manera de vivir, lo sabemos, en el fondo lo sabemos, no hacemos demasiado por cambiarlo y por eso nuestras vidas no son lo todo lo felices que podrían ser.

Alyson escupió, buenos modales no tiene ni de lejos, y habrá cometido muchas barbaridades, es innegable, pero todos en mayor o menor medida nos han decepcionado por algo, “todos”. Sin embargo, a falta de una semana, lo que de verdad me apetece, pero mucho, mucho, mucho es extinguir cualquier cosa que de ellos sea de una crítica contundente, quedarme con lo bueno de todos, (QUE DE TODO ESO BUENO, LO QUE A MI MAS ME GUSTA, ES EL ESPÍRITU SALVAJE DE ALY) , sentarme en el sofá y disfrutar de la final sin rencor ninguno, admitiendo que simplemente por el hecho de llegar hasta aquí, absolutamente todos sin excepción, se merecen un aplauso. Cuando voy a las galas me alegro de corazón al ver a los concursantes que están fuera y el otro día, cuando subí a la casa sentí una sana nostalgia a sabiendas de que ésta inolvidable experiencia, toca a su fin.   

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En cuanto a lo de que busco salir todo lo que puedo en televisión, que pretendo un sillón en Sábado Deluxe o un programa para presentar como diciendo: “Mira este”… me quedo perplejo, porque es una obviedad. Es mi profesión, no porque se me haya antojado ahora, sino desde hace un montón de tiempo, casi 25 años. La adoro y me muero de ganas de tener un programa… Y eso es lo que hago, luchar con uñas, dientes, honradez y oficio por un trabajo que amo y por el que se me paga… como hace todo el mundo.